Un viaje de amor al impenetrable
Un domingo muy frió 27 del julio de este año dieciséis chicos partimos rumbo a un lugar que solo conocíamos de nombre y del cual la palabra necesidad, hambre y olvido eran las que más resonaban.
Sin saber con que nos íbamos a encontrar, nos dirigimos a Chaco más precisamente el impenetrable, en Nueva Pompeya. Donde nuestra meta en este viaje no era más que dar todo lo que teníamos; nuestras manos para trabajar, nuestros pies para caminar hacia la necesidad y nuestra boca para dar una palabra de amor y de esperanza.
¿Quiénes fuimos?, Tan solo dieciseis chicos de la iglesia Cristo la Solución del partido de General San Martín, solo preparados y dispuestos a todo lo que podíamos enfrentar.
Llegamos un día Lunes luego de viajar 24 horas hasta llegar a nueva Pompeya donde se encontraba el tan famoso “Impenetrable”, que no se llama así por lo peligroso, sino por sus árboles espinosos que te impidian entrar a la selva.
Al estar allá nos encontramos con los indios Wichis quienes el idioma silencio y timidez salían a flor de piel. Los únicos que nos entendían eran los niños, quienes estaban escolarizados y con quienes ganamos su confianza a través de juegos como el “Pato Niato” y globos de colores.
Nuestro trabajo, fue mostrarles interés invitándolos con platos de guiso(donde muchas familias repetían hasta cinco veces el plato), lavarles el cabello, cortárlo y despojiarlos (era impresionante la pediculosis que tenian, principalmente los niños). También les llevamos ropa, calzado y todo lo que habíamos juntado para ellos.
El último día de trabajo se sumaron a nosotros un grupo de, Ejercito de Salvación, quienes se sumaron a la causa de Medicos sin Fronteras, un equipo de pofesionales, una pediatra, un clínico, una dermatóloga de 72 años (un ejemplo de vida) y jóvenes que fueron a colaborar en todo lo que necesitaban, así que, más allá de lo que les dimos también pudieron ser cuidados.
Todo lo que pudimos darles sabemos que no alcanzó, pero ellos estaban tan agradecidos que no hacia falta que digan nada, con solo una sonrisa y una mirada dulce te lo demostraban.
Muchas veces uno piensa que le faltan tantas cosas, las cuáles terminan siendo fribolas, como el último celular, estar a la última moda, o un buen auto, pero cuando ves la necesidad frente a tus ojos, te das cuenta cuan afortunados somos y no nos damos cuenta. No hace falta ir a Chaco para saber que la gente necesita de uno para estar mejor, pero sí te das cuanta lo importante en la vida y lo agradecida que uno tiene que estar en las pequeñas cosas.
Fuimos al Impenetrable a dar y recibimos más de lo que dejamos allá. El abrazo de un niño, las sonrisa y las carcajadas de la diversión marcaron nuestras vidas y corazones para siempre.
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