“Primer paseo al shopíng”


Estamos en el auto, Ari se pelea con Meli por las papas fritas, mi hermano y su novia parecen que están pegados con plasticola (no se separan nunca). Papá sé esta durmiendo manejando y mamá cada dos por tres le pega un grito para que se despierte. Y yo tengo los ojos llenos de brillos por las luces que me encandilan de ese enorme edificio, con muchas ventanas, en el que estamos por entrar.
Parada frente a el, veo una enorme puerta que al acercarme pasó algo muy extraño, unos imaginarios abrieron, oooo!!!!.
Al entrar Mis ojos brillaban de tanta inmensidad. Hacia el frente, era mágico, las escaleras se movían hacia arriba y hacia abajo, eran plateadas y duras mi hermano me había contado que si te acercabas se transformaban en monstruos y te comían los pies, les tenía un miedo.
Todos nos peliábamos por donde empezar a recorrer, había tanto para mirar, pero de tanta discusión, termino ganando planta baja.
Familia con tres mujeres, va cuatro con mamá, perdón, cinco con mi cuñada, obviamente parábamos en cada tienda embobadas frente a esos bien vestidos inmóviles. Papá y Diego (mi hermano), nos miraban con cara de susto pero ya se habían preparado de antemano y le habían puesto candado a las billeteras.
Terminando de recorrer el primer piso, deciden tomar la decisión mas equivocada y atemorizante, subir al primer piso. ¿Qué?, ¿Están locos?,les tenía terror, ¿qué terror?, Pánico. Cuando dijeron que había que subir me agarre fuerte de mi papá, y él me dijo -¿tenes miedo?-. Lo peor de esto, era que no podía escapar de los come pies. Lo único que decía -subí- eran los juegos que sabia que estaban arriba por mi hermana que me había contado. Aparte mi papá no paraba de repetírmelo, pero cada vez con menos paciencia.
Subí, no tuve otra opción, pero el monstruo no me pudo comer, porque mis pies subieron volando sobre mi papá.
Era verdad el segundo piso estaba lleno de juegos, me maraville al verlos, todos hermosos, giraban, tiraban muñecos con golpes, carrera de caballos en miniatura, tantas cosas. Pero el que más quería, era el que daba mas vueltas. Todos queríamos subir, pero mi hermana más chica y yo no podíamos porque no nos daba la altura, ni si quiera en puntitas de pie. Pero ellos no pensaron ¡pobre las nenas! no, no, se subieron igual y nos dejaron al lado de un hombre panzón, vestido de azul y bigotes. Solo mirando el juego te daba nauseas, lo único bueno fue que bajaron todos doloridos, y pensé, vieron eso por no dejarnos subir... ¡¡¡aja!!!.
Volví a pasar por el monstruo pero otra vez no pudo comerme los pies, porque estaba en los hombros de mi papá. Nos dirigimos a la puerta gigante que los imaginarios abrían y partimos rumbo a casita.

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